El almacén de los retos

Era el año 2003 cuando fui sorprendida por un reto que no sospechaba, un reto que cambiaría mi vida profesional para siempre. Hoy miro hacia atrás y veo con nostalgia el almacén de El Agustino, el almacén de la experiencia, el almacén de los grandes retos, de mi gran reto.

Soy una mujer aguerrida, perseverante y empeñosa, estas cualidades me ayudaron a afrontar el mayor reto que viví en Prisma: administrar su almacén, ubicado en El Agustino y que gestionaba la distribución de alimentos y medicinas a más de 20 regiones en todo el Perú. No era poca cosa, era un almacén gigantesco y con alcance nacional.

La misión no era nada fácil: un cargo como líder, trabajar con un equipo de puros jóvenes, incursionar en un tema que era nuevo para mí, difícil, pero mi ímpetu era el mismo, el reto me motivaba más y más.

Cuando empecé mi profesión de obstetra, hice mi SERUMS en un establecimiento de Salud del Minsa, cerca al Hospital María Auxiliadora en San Juan de Miraflores. Es allí donde conocí al médico Lucho Segura, quien sería la persona que me presentaría a Prisma por primera vez.

Asistía a interesantes discusiones de casos que se realizaban en la entonces sede de San Borja y  mis ganas de aprender me llevaron a conocer más de Prisma. Ese fue mi primer paso y el que me abriría las puertas a muchos retos y grandes aprendizajes.

Después de pasar por diversos proyectos de salud relacionados a la planificación familiar e, incluso, sobre asistencia técnica en logística de anticonceptivos; el mayor reto que se me presentó fue encargarme de la administración del almacén que tenía Prisma en El Agustino.

Primeros pasos

El trabajo no solo consistía en almacenar materiales en un espacio de más de 4 mil metros cuadrados, sino que era una gerencia de operaciones logísticas que se encargaba de recibir medicamentos y alimentos, almacenarlos, organizarlos y distribuirlos a los centros de salud de casi todo el país. ¡Era una labor titánica!

El almacén de El Agustino, un lugar lleno de retos y aprendizajes.

Este reto me llenó de alegría, pero también de algo de temor, era un mundo desconocido para mí; pero quería afrontarlo, tenía que hacerlo. Esta aventura inició el 2003, y fueron casi 12 años de arduo trabajo, nuevos aprendizajes y valiosos recuerdos con los trabajadores del almacén.

Yo soy obstetra, y si bien ya había trabajado temas de logística sobre anticonceptivos y medicamentos, es aquí donde pude madurar en un puesto de jefatura, y además afianzar y aprender más sobre liderazgo con un equipo de casi 20 personas, entre personal de administración, almacén y transporte.

Los dos brazos derechos de Isabel

Giannina Yarleque y José Medrano fueron mi soporte y apoyo, mis dos brazos derechos, para cumplir con las metas del almacén. Nos impulsábamos mutuamente, conocía sus sueños y objetivos: por eso era importante para mí motivarlos siempre para que no los abandonen. Eran muchachos que tenían muchas ganas de salir adelante y lo lograron.

Giannina me apoyaba en el área administrativa. Era una chica un poco temerosa, calmada y muy educada, pero tenía una característica muy especial: siempre iba más allá del resultado pedido, era muy eficiente. Solo bastaba que le explicara un poco más sobre sus obligaciones, y ella las cumplía, era muy creativa en sus labores.

Parte del equipo que acompañó a Isabel en este gran reto.

Mientras que José era mi soporte en almacén. Cuando él tenía dudas respecto a un problema, tratábamos de solucionarlo todos en equipo. Y yo le preguntaba: “¿cómo quieres resolverlo tú?”, me daba su propuesta y muchas veces le decía: “Lo haremos como tú propones”. Más adelante él me diría que le preguntara su opinión y que la tomara en cuenta, esto fue muy valioso para él porque le permitió crecer.

Retos cumplidos

Con el apoyo de Giannina, José y todo el equipo del almacén, logramos cosechar innumerables logros. Dentro de los primeros y más importantes estuvo el certificado de Buenas Prácticas de Almacenamiento, que acredita el cumplimiento del conjunto de normas que garantiza el mantenimiento de las condiciones y características óptimas de los medicamentos durante el almacenamiento.

Desde el 2004 en adelante, cumplíamos cada año con lo requerido por la Digemid (Dirección General de Medicamentos, Insumos y Drogas)  para ser reconocidos por el Estado como un almacén con buenas prácticas. Asimismo, diseñamos protocolos para fortalecer los procesos internos,  ya que esto influía en la calificación obtenida en las evaluaciones.

 

 

Junto con todo el equipo, se diseñaron protocolos establecidos para procesar la información administrativa, almacenar y colocar los productos adquiridos; manejo de rotación de materiales y su despacho, organización y limpieza de los almacenes, y capacitación constante para el personal.

Estos procesos internos, de la mano con la adecuada infraestructura y almacenamiento, fueron las fortalezas que le dieron una buena reputación al almacén frente a instituciones nacionales como internacionales. No solo se trabajó con el Ministerio de Salud del Perú, sino también con organismos internacionales como la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional – USAID y el Fondo de Población de las Naciones Unidas – UNFPA.

Fuertes e independientes

Mi experiencia en el almacén tuvo dos etapas: la primera, cuando el local estaba bajo las funciones del proyecto; mientras que la segunda etapa inició cuando este proyecto terminó y nos dijeron que debíamos ver la forma de mantener el almacén por nuestra cuenta, debía ser autosostenible.

Este último período para mí fue fuerte, porque te preguntas “¿y ahora qué haces?”. En ese tiempo eran pocos los almacenes que tenían certificado de buenas prácticas de almacenamiento y empezamos a brindar servicios privados de almacenamiento a laboratorios pequeños, ya que la Digemid empezó a exigir a los laboratorios que sus medicamentos se encuentren en almacenes con certificado de buenas prácticas.

Existían laboratorios grandes que tenían su propio almacén, pero a los pequeños no les resultaba rentable tener los suyos. Por esta razón, ellos venían a nosotros y nos alquilaban espacios. Llegamos a tener más de 20 clientes, entre ellos el mismo Ministerio de Salud, a través de las DISA (Lima Sur, Lima Este, Lima Norte), incluso con el mismo UNFPA.

El fin del camino

Pero esta aventura llena de logros y satisfacciones tuvo final, no porque nos estuviera yendo mal,  sino porque el local del almacén, que fue comprado por Prisma gracias al proyecto de USAID, pasaría en julio del 2012 a manos del Ministerio de Salud. Era una decisión ya tomada.

Esta fue una etapa triste, durante seis  meses tuvimos un proceso de duelo, cierre y de entrega del local. Incluso nuestros clientes estuvieron tristes, habíamos formado una relación sólida y amistosa con ellos.

Nosotros le teníamos mucho cariño al local, no era solo un centro de trabajo, sino nuestro segundo hogar, incluso celebrábamos Navidad y shows para los niños de los trabajadores. Allí, habíamos creado nuestro mundo.

La experiencia obtenida en la gestión logística del almacén representó para Prisma la experiencia operativa que fortalecería su presencia a nivel internacional, ya que permitió que me convirtiera en una de las pocas profesionales que realizaba asistencia técnica sobre gestión logística de medicamentos, no solo en Perú sino en América Latina.

Es por el año 2010, en que Prisma fue seleccionada por el Fondo de Población de Las Naciones Unidas -UNFPA como su socio implementador en temas de asesoría, asistencia técnica y capacitación sobre la gestión de medicamentos; llegando a trabajar con los Ministerios de Salud de Bolivia, Ecuador, Uruguay, Paraguay, Argentina, Costa Rica, entre otros países latinoamericanos.

El almacén fue, para mí, un gran paso para seguir creciendo y cosechando muchos más logros junto a Prisma. Hoy miro hacia atrás con nostalgia, pero enriquecida con la experiencia más retadora que me tocó vivir. Cómo olvidar el almacén de El Agustino, el almacén de los retos.

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