A los 22 años, Kimberly Ordoñez tomó la decisión de salir de Venezuela junto a su pequeño hijo, dejando atrás a su familia, hermanos y Maracaibo, la ciudad que la vio nacer y crecer.
La joven Kimberly emigró de Venezuela a Perú en busca de mejores oportunidades y, como lo esperaba, el viaje e iniciar de nuevo no fue un proceso fácil. Ella, en su momento, fue parte del éxodo migratorio venezolano en el que millones de personas se vieron obligadas a salir de su país en busca de una mejor calidad de vida para ellas y sus familias.
Tras su llegada, Kimberly se ha convertido en parte del millón y medio de venezolanos que viven en el Perú y que enfrentan distintos retos estructurales para los migrantes. A continuación, su historia:
Reconstruirse entre xenofobia y otros retos
La travesía de Kimberly empezó mucho antes de emigrar. Ella se graduó como policía y estudió un año en contaduría pública en Venezuela; sin embargo, desde muy joven no pudo ejercer su profesión, por lo cual, se dedicó al rubro de la estética.
Fue en esa época cuando Kimberly se convirtió en madre soltera y se tuvo que hacer cargo del pequeño Matías. Su gestación no fue un proceso simple, pues hubo riesgo de pérdida, preeclampsia y el contexto de emergencia sanitaria por COVID-19 agravó la situación.
Sin embargo, logró superar estos nuevos retos y cuando su pequeño hijo cumplió un año y medio de edad, decidió emigrar para buscar nuevas oportunidades de vida para ella y su familia.
“Él estaba pequeño y yo quedé siendo madre soltera. Lo vi como una opción para darle calidad de vida al niño. Aquí por lo menos tiene sus tres comidas al día y su ropa, como debe ser. Allá no tenía esa opción”, comenta Kimberly.
Ella decidió emigrar a Perú porque tenía un familiar que la podía albergar junto a su hijo por un tiempo y porque conocidos le comentaron que existían buenas oportunidades de crecimiento.
“Es aventurarse sola con un niño a ver qué puede pasar…”
Perú se ha convertido en el segundo país latinoamericano con más población migrante y refugiada venezolana[1]. Los nuevos residentes se han ido asentando en distintas regiones del país, siendo Lima y Trujillo las ciudades que han albergado a más venezolanos.

Con más de 6 meses de estancia en Trujillo, Kimberly ha tenido varios trabajos con los cuales ha sostenido la alimentación y estancia de su hijo y la suya: como mesera en restaurantes, en centros cosméticos, vendiendo paletas de helado y café en la calle, pero siempre acompañada de su hijo.
A la par, ha tenido que enfrentar los diversos desafíos a los que las personas migrantes tienen que enfrentarse en el país de acogida; entre estos, la discriminación y la desigualdad de género.
“El problema más fuerte que hemos encontrado es que te explotan en los trabajos por estar en una situación migratoria no estable… y las mujeres son un poco más vulnerables, porque si bien conseguimos trabajo más rápido, el pago es menor.
[…] Pero dentro de todo, he aprendido muchas cosas, pues en la calle se ven cosas malas, pero también buenas”
El sueño de Kimberly es establecerse en la ciudad de Trujillo y emprender un negocio de cosmética; lo que busca para su hijo, es una mejor calidad de vida. Porque si bien el miedo a lo desconocido estuvo presente desde el momento en que decidió emigrar, la esperanza de mejores oportunidades para su familia fueron mayores.
“Todo en esta vida conlleva un reto…. uno tiene que atreverse a realizar cosas que te proyecten a hacer más cosas”
Cómo apoyó el proyecto SERVIR
Kimberly se enteró de los servicios gratuitos que brinda el proyecto SERVIR en el templo de la iglesia cristiana a la que asiste frecuentemente.
Gracias a ello, acudió a una campaña de salud brindada en el distrito de Alto Salaverry. Aquí su pequeño fue atendido por la especialista en Control de Crecimiento y Desarrollo del Niño y Niña Sanos (CRED) y se le brindó a la mamá recomendaciones sobre su cuidado y alimentación.
Asimismo, se proporcionó apoyo para la inscripción del niño en el Seguro Integral de Salud del país y se le hizo monitoreo telefónico para la activación del mismo. Gracias a esto, Kimberly pudo llevarlo por una emergencia médica y fue atendido efectivamente.
«Con respecto a la población que puede venir, [el proyecto SERVIR] será un buen beneficio ya que pueden tener acceso al SIS y gracias a las campañas pueden llevar sus controles».
Ahora la familia tiene mayores oportunidades de atención médica y ese es un paso importante para mejorar la calidad de vida de ambos.
Kimberly y Matías fueron beneficiarios de esta iniciativa que se desarrolla gracias al apoyo de la Oficina de Población, Refugiados y Migración (BPRM) y al Comité Internacional de Rescate (IRC), quienes buscan garantizar la igualdad de oportunidades para personas con necesidad de protección internacional.

[1] Fuente: II Encuesta a la Población Venezolana residente en el Perú




