La reducción de la anemia infantil en zonas rurales de Perú no ocurre con decretos ni con campañas nacionales. Ocurre cuando hay alguien que toca la puerta de cada familia, que cocina junto a las madres, que anota cada medición de hemoglobina y regresa a la semana siguiente a preguntar cómo está el niño.
Dos territorios, dos proyectos, un mismo aprendizaje: cuando las mujeres lideran, la salud de las comunidades cambia de verdad.
En Pasco, a más de 4,300 metros sobre el nivel del mar, ese trabajo sostenido durante años logró reducir la anemia de 74% a 36% en niños menores de cinco años. En Santillana, Ayacucho, otra historia paralela: de 38% a 13.5%, una caída de 24 puntos porcentuales que pocos creían posible.
Detrás de ambos resultados hay un denominador común: madres, agentes comunitarias y mujeres líderes que convirtieron la salud de sus hijos en una responsabilidad colectiva.
Pasco: enfrentar la altura, el frío y el olvido
Un problema que nadie veía como problema
Las comunidades de Paragsha, Quiulacocha y Huaychao comparten altitud, frío y distancia. Durante años compartieron también algo más: la normalización de la anemia. El 74% de los niños menores de cinco años la padecía, pero el problema no se percibía como urgente. El cansancio, la falta de concentración, el bajo crecimiento —todo eso formaba parte del paisaje cotidiano sin que nadie lo nombrara.
Las barreras eran múltiples: familias sin información sobre alimentación rica en hierro, establecimientos de salud a horas de distancia, clima que desalentaba los traslados. Y sobre todo, un silencio: nadie había dicho, con claridad y con acompañamiento real, que eso podía cambiar.
Pasco sin Anemia: la estrategia que llegó para quedarse
El proyecto Pasco sin Anemia, implementado por Prisma ONG, con el financiamiento de Volcan, entre noviembre de 2018 y agosto de 2023, construyó algo distinto: una red humana. No llegó con soluciones externas. Llegó a preguntar, a escuchar, a cocinar junto a las madres con lo que había en cada cocina.
Las principales acciones fueron:
- Sesiones educativas para madres sobre prevención de anemia y alimentación nutritiva.
- Sesiones demostrativas de cocina con alimentos locales y ricos en hierro: no recetas ajenas, sino las de siempre, mejoradas.
- Dosaje de hemoglobina para diagnóstico y seguimiento personalizado de cada niño.
- Formación de 15 Agentes Comunitarias de Salud, mujeres de la propia comunidad que se convirtieron en el puente entre las familias y el sistema de salud.
- Visitas domiciliarias con acompañamiento cercano y continuo.
- Ferias comunitarias de salud con participación de toda la comunidad.
- Capacitación al personal de salud en articulación directa con la DIRESA Pasco.
La clave fue el respeto: adaptar el lenguaje, los tiempos y los contenidos a cada familia. No imponer, sino acompañar.
Los resultados que hablan por sí solos
Los datos del proyecto Pasco sin Anemia son contundentes:
- La anemia en niños menores de cinco años se redujo de 74% a 36% a lo largo del proyecto — 38 puntos porcentuales menos.
- En el cuarto año de implementación, la prevalencia en menores de tres años bajó de 6% a 3%, reflejando la profundidad del cambio instalado en las familias.
- 465 madres capacitadas en nutrición y preparación de alimentos ricos en hierro.
- Las prácticas de alimentación adecuada pasaron de 9% a 61% en niños de 6 a 59 meses.
- 15 Agentes Comunitarias de Salud formadas como referentes locales de salud y nutrición.
- El proyecto fue reconocido por la DIRESA Pasco y por la Municipalidad de Simón Bolívar, que emitió una Resolución de Alcaldía destacando el rol de las agentes comunitarias.
«A veces tenemos dificultades o desconocemos de algunas cosas que son importantes para nuestros niños. Este proyecto ayuda a la comunidad, a que nosotros como personas aprendamos y podamos ponerlo en práctica día a día con nuestros pequeños y puedan salir adelante.»
— Yassel Flores, madre de la comunidad de Paragsha, Pasco.
Santillana, Ayacucho: de 38% a 13.5% gracias a las mujeres que vigilaron a cada niño
La otra historia que también necesitaba contarse
A más de 600 kilómetros de Pasco, en las comunidades rurales de Santillana, Ayacucho, la situación no era diferente. La anemia infantil afectaba al 38% de los niños menores de cinco años y el sistema de salud local no tenía la capacidad —ni la presencia— para revertirlo solo.
La intervención llegó de la mano de Prisma ONG en alianza con Pan para el Mundo, con una apuesta clara: fortalecer a las propias comunidades para que pudieran vigilar, prevenir y actuar sin depender de que alguien llegara desde afuera.

Un modelo que integró tres frentes al mismo tiempo
La estrategia en Santillana combinó tres dimensiones que raramente se trabajan juntas:
- Vigilancia comunitaria liderada por mujeres: Las agentes comunitarias de salud se convirtieron en el sistema nervioso del proyecto. Ellas visitaban los hogares, tomaban registros, detectaban señales de alerta y activaban la respuesta. Al inicio del proyecto, solo el 23% de las agentes implementaba acciones de vigilancia nutricional. Al cierre, ese porcentaje llegó a 86%.
- Fortalecimiento del primer nivel de atención: El proyecto no trabajó al margen del sistema de salud formal, sino junto a él. Los establecimientos de salud del primer nivel fueron capacitados y articulados con la red comunitaria, generando un flujo real de referencia y contrarreferencia.
- Transformación de prácticas familiares de alimentación: Las familias aprendieron —con acompañamiento continuo— a incorporar alimentos ricos en hierro en la dieta diaria de sus hijos, a usar correctamente los suplementos, y a identificar cuándo buscar atención. El cambio no fue solo de conocimiento: fue de práctica.
24 puntos menos: el número que resume años de trabajo
El resultado en Santillana es histórico para la región:
- La anemia en niños menores de cinco años se redujo de 38% a 13.5% — una caída de 24 puntos porcentuales.
- La proporción de agentes comunitarias implementando vigilancia nutricional pasó de 23% a 86%, consolidando un sistema local sostenible de monitoreo y prevención.
- La reducción de anemia infantil de 24 puntos no es solo estadística. Son niños que crecen con más energía, que aprenden mejor, que llegan a la escuela con otro punto de partida.
Lo que une a Pasco y Santillana: el liderazgo femenino como tecnología social
Dos regiones, dos alianzas distintas, dos modelos de intervención. Pero un mismo hallazgo central: cuando las mujeres son el núcleo de la estrategia y no solo las destinatarias, los resultados son sostenibles.
Las agentes comunitarias de Pasco y las vigilantes nutricionales de Santillana comparten algo que ningún protocolo puede reemplazar: la confianza ganada dentro de su propia comunidad. Esa confianza es la que abre puertas, la que logra que una madre cambie lo que pone en el plato de su hijo, la que hace que el sistema de salud llegue donde antes no llegaba.
Empoderar a las mujeres rurales no es solo una apuesta por la igualdad de género. Es la estrategia de salud pública más eficiente que existe en territorios donde el Estado llega tarde o no llega.
Contribución a los Objetivos de Desarrollo Sostenible
El trabajo de Prisma ONG en Pasco y Santillana con la reducción de la anemia infantil contribuye directamente a:
- ODS 1 — Fin de la pobreza: autonomía y capacidades construidas desde el hogar.
- ODS 2 — Hambre cero: seguridad alimentaria a través de prácticas mejoradas y acceso a alimentos nutritivos.
- ODS 3 — Salud y bienestar: reducción medible y sostenida de la anemia infantil.
- ODS 5 — Igualdad de género: mujeres que lideran el cambio en salud y nutrición comunitaria.
- ODS 10 — Reducción de desigualdades: inclusión real desde los territorios más alejados y vulnerables.
Preguntas frecuentes sobre la reducción de anemia infantil en zonas rurales de Perú
¿Cómo se redujo la anemia infantil en Pasco, Perú?
A través del proyecto Pasco sin Anemia, Prisma ONG implementó entre 2018 y 2023 una estrategia comunitaria que combinó educación nutricional, sesiones de cocina con alimentos locales, formación de agentes comunitarias de salud y visitas domiciliarias. La anemia en niños menores de cinco años bajó de 74% a 36%, 38 puntos porcentuales en cinco años. En el cuarto año, la prevalencia en menores de tres años se redujo de 6% a 3%.
¿Cómo bajó la anemia en Santillana, Ayacucho?
En Santillana, Prisma ONG y Pan para el Mundo implementaron un modelo que integró vigilancia comunitaria, fortalecimiento del primer nivel de atención y transformación de prácticas de alimentación familiar. La anemia en niños menores de cinco años se redujo de 38% a 13.5%, una caída de 24 puntos porcentuales. Las agentes comunitarias que implementan vigilancia nutricional pasaron de 23% a 86%.
¿Qué hace una agente comunitaria de salud en comunidades rurales del Perú?
Son mujeres de la propia comunidad capacitadas para identificar casos de riesgo nutricional, promover prácticas saludables de alimentación y suplementación, acompañar a familias con niños menores de cinco años y articular con los establecimientos de salud del primer nivel. En Pasco, 15 fueron reconocidas por Resolución de Alcaldía de la Municipalidad de Simón Bolívar.
¿Por qué el liderazgo femenino es clave para reducir la anemia infantil?
Las mujeres líderes y agentes comunitarias tienen algo que los programas externos no pueden construir rápidamente: confianza dentro de su propia comunidad. Esa cercanía cultural permite cambiar hábitos de alimentación dentro del hogar, superar la desconfianza hacia los servicios de salud y sostener las intervenciones en el tiempo, incluso cuando el proyecto termina.
¿Cuál es la prevalencia de anemia infantil en zonas rurales de Perú?
Perú sigue siendo uno de los países con mayor prevalencia de anemia infantil en América Latina, especialmente en zonas rurales de la sierra y selva. Proyectos de intervención comunitaria con enfoque de género y vigilancia local, como los implementados por Prisma ONG en Pasco y Santillana, han demostrado ser los modelos más efectivos para reducir la prevalencia de forma sostenida y replicable.









